«Todos los días hay algo nuevo que hacer. Vi que esto era lo que quería y que podía hacerlo. El huerto me ha dado esperanza»

Encarni es una mujer cualquiera de un pueblo cualquiera, pero con una historia especial; casada con 19 años, su vida se tuerce y tiene que empezar en otro sitio. Tenía toda la vida por delante, pero por mucho que queramos dirigir nuestro destino, lo que pasa realmente es lo que nos devuelve a la realidad. Encontró una luz tras su marcha, al conocer al amor de su vida, pero tampoco esta historia acabó con un final feliz. Tras varios varapalos, y cuando pensaba que la vida era eso, un sufrimiento y que prácticamente iba contra ella, fue cuando Llanero Solidario apareció. Encarni se presentó en Alcaraz con más curiosidad que esperanza ante un proyecto en el que el cultivo de la tierra se iba a convertir en una metáfora capaz de hacerle ver que con un poco de ayuda y dedicación, sería capaz de todo. Unos meses después ella ha conseguido no solo retomar la confianza en sí misma y en los demás; también ha conocido a las lombrices, unos “bichitos” olvidados, pero que pueden transformar un campo yermo en tierra fértil y, además, hasta sus excrementos valen dinero. Pero mejor empezamos por el principio y que sea la propia María Encarnación Garví López la que nos cuente cómo un grupo de seres humanos y unas lombrices le han cambiado la vida.

¿Quién es Encarni?

Soy trabajadora, muy legal, me encanta ayudar a la gente en lo que puedo, si tengo que traerme a alguien a mi casa a vivir, me lo traigo. Pero sobre todo soy madre, y se pasa muy mal cuando te cierran puertas y no tienes nada que darles a tus hijos. Soy una mujer sola, con 48 años. He tenido una vida muy agobiada con las parejas. A la mitad de la vida estoy empezando desde 0 y sin miedo ninguno. Eso soy, una mujer luchadora.

 

El momento en el que Llanero Solidario llama a tu puerta…

Antes de conocer a Llanero, estaba con antidepresivos. Yo soy una persona alegre, pero al no poder desarrollarte ni personal ni profesionalmente, te frustras. Llanero me ha dado la vida a mí y a mi hijo. Me ha dado ilusión, la fuerza, las ganas y me ha abierto la puerta a poder vivir con dignidad. El primer día vine derivada de los asuntos sociales y vine nerviosa. Una vez vi como eran (María y Olga, Técnicas de Germina Empleo), su amabilidad y el interés que mostraban por ti, me tranquilicé. No me he sentido sola, es como si fueran mis hermanicos (solloza). «Es cuando dije, esto es lo que quiero».

Al llegar al huerto (cedido desinteresadamente por Luís, un vecino de Alcaraz) solo estaba la tierra y nosotras. Y dije, «esto es lo que quiero», porque era como una metáfora al empezarlo todo desde cero. Me dije, «esto lo vamos a levantar». Empezamos a hacer compost, a hacer los surcos, poner el riego y sacar el plantel. Todos los días hay algo nuevo que hacer. Vi que esto era lo que quería y que podía hacerlo. El huerto me ha dado esperanza.

Encarni paseando por el huerto

Mientras Encarni respondía a nuestras preguntas, Olga, la Técnica de producción de Germina Alcaraz le enseñaba las lombrices a una nueva usuaria del proyecto. Encarni se fija en que la chica se había emocionado cuando ella hablaba sobre el huerto y comenta que «le va a gustar a esta nueva el compost; se ha emocionado cuando he hablado del huerto. Le va a gustar. Necesita ella más al huerto que el huerto a ella. Ya verás en unos meses…»

Y un buen día, unas lombrices californianas llegan a Alcaraz…

Compra Olga las lombrices y al principio al resto les daba un poco de asco. Cuando llegan, es como un recién nacido porque no sabes como cuidarlas. ¿Qué hacemos con esto? Pues a ver vídeos en Internet para prepararme. Todas las tardes. De un puñaete, mira las que tenemos aquí (señala varias cajas donde se ven las lombrices) y otras cuatro que tengo en casa. Ibamos comprobando cómo estaban mejor y hemos conseguido sacarlas adelante. Cuando empezamos a utilizar el humus, fue una revolución. Comprobamos que gracias al humus y nuestro trabajo, el desierto empezó a florecer. Si un día podemos lograr que se dejen de utilizar pesticidas y químicos, aún podemos salvar esto. Los químicos, dan lo que necesita a la planta, no a la tierra, pero matan todo lo que tienen alrededor. Con esto contribuímos a la desertificación y al final los de la patera vamos a ser nosotros. Antes la gente aprovechaba el abono de sus animales para enriquecer la tierra, pero ahora solo se utilizan químicos, y con eso nos lo cargamos todo y además nos afecta a nosotros. Si usamos fertilizantes orgánicos, vamos a estar más sanos y vamos a dar vida a la tierra.

Comprobamos que gracias al humus y nuestro trabajo, el desierto empezó a florecer. Si un día podemos lograr que se dejen de utilizar pesticidas y químicos, aún podemos salvar esto. Con esto contribuímos a la desertificación y al final los de la patera vamos a ser nosotros.

¿Por qué lombrices y no lechugas?

Elegí la lombriz porque me gusta lo desconocido. Vi que podía aprovechar todos los desechos y que los transforma en vida para la tierra. Descubrí que es un animal al que hay que respetar. No transmite enfermedades, no requiere fuerza física, no da guerra y que lo que hace es el bien. Además su mantenimiento no es muy costoso porque se pueden aprovechar los residuos orgánicos de tiendas y restaurantes para su alimentación Teníamos que tener todos una cajita de lombrices en casa.

Encarni desvela su positividad en un intercambio de posturas sobre si desaparecerán los pesticidas químicos o no. Ella insiste en que sí porque llegará el momento en el que nos demos cuenta de los beneficios del uso del humus. Si dedicaramos unos pocos segundos en escuchar a Encarni, cada un@ tendríamos nuestras lombrices en casa: «…si se empieza a producir más, el precio del humus bajará y esto será bueno para la tierra. ¿Tu crees que el vecino que ha visto lo que hemos sacado sin echar químicos no lo va a utilizar? Esta tierra no tenía nada y la hemos hecho huerto. Yo hice mis cuentas y vi que con un huerto y mis lombrices, no es que me vaya a hacer rica, pero que para mí y mi hijo nos sirve. Habla de sus lombrices como de sus criaturas; que crecen y que las ve bien». Dice que es como su aportación.

Tiene la idea, las ganas, pero falta empezar

Me habla María de FADEMUR (Federación de Asociaciaciones de Mujeres Rurales), me pongo en contacto y después de preparármelo, tardaron en contestarme y me desanimé. María me convenció para que tuviera paciencia y un día me llamó Mari Luz (FADEMUR). Le conté todo y después de emocionarnos me dijo ¿cuál es el único problema? Le dije que el dinero. Como no he podido pagar agua y luz, no podía pedir un crédito, pero me dijo que por eso no me preocupara porque se haría lo que hiciera falta. Y ahí están todas conmigo. Yo ahora lo que quiero es no decepcionarlas por todo lo que han trabajado.

«La Encarni de hoy»

Hace unos meses antes de venir aquí, no tenía ni ganas de levantarme de la cama. Vine aquí y comprobé que podíamos sacar el proyecto adelante y que no era una broma. Me di cuenta de que esto era muy serio y que una mujer sola podía sacarlo adelante. Me sirvió para mi vida. Eso ya lo cambia todo contigo y con los demás. Empiezas a quererte más, a estar cada día mejor por ver que haces algo no solo por tí, también por las siguientes generaciones. Mis palabras para Llanero son gratitud y esperanza para vivir con dignidad. Y creer en el ser humano porque aquí he encontrado a unos pocos. 

De izquierda a derecha: Encarni, Olga (Técnica Germina Empleo) y Ángel (participante)
De izquierda a derecha: Encarni, Olga (Técnica Germina Empleo) y Ángel (participante)

Mientras Encarni sigue sumando razones por las que le ha cambiado su vida, encuentra la mirada de complicidad de Ángel, otro usuario de Germina Empleo. Los dos asienten y demuestran que aquí no solo se cultiva la tierra, si no que aprenden que son parte de ella y que sus penas se transforman en abono que en los próximos meses podrán cosechar en forma de ricas hortalizas y esperanza.

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